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Mensaje de conciliación

Mensaje para la reflexión

Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì5 min de lecturaArtículo 54 de 55
Retrato de Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

Mensaje para la reflexión.

Hay quienes atacan a otros religiosos por asuntos que, muchas veces, desconocen y no entienden, abogando defender “la tradición legada” como si fuese suya propia. Desconocen que las tradiciones de los pueblos la conforman la historia personal de muchos hombres: con sus logros, sus relevancias y hasta sus fracasos e irreverencias. Solo el tiempo puede reagrupar y clasificar, un sinnúmero de hechos individuales y conformar una tradición religiosa. La propia Biblia, el libro de Confucio, la literatura de Ifá, entre otras, están conformadas de hechos y testimonios particulares de hombres con virtudes y con defectos que luego, por la significación y repercusión de sus obras, se convierten en leyendas y en personajes legendarios que sirven como guía estereotípica para que los disolutos sepan lo que deben o no hacer. Muchos defectos particulares, han servido de referencia y patrón para educar a la mayoría, luego de haberse aplicado una medida penitenciaria como castigo al trasgresor. Dicho castigo impuesto por el cielo o por las leyes terrenales es lo que ha servido de ejemplo para conformar las leyes morales, las leyes religiosas y las leyes judiciales. Dejemos de calumniar y comadrear contra aquellos que tratan de hacer por los demás o en contra de los demás; que sea el cielo, en nuestro caso, los religiosos, el que imponga la sanción o enuncie el reconocimiento si su trabajo es meritorio. No seamos impacientes ni jueces de los actos de los demás, detengámonos y observemos nuestros propios actos antes de continuar censurando los actos ajenos. Dice un pasaje bíblico: “Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús dijo: No se lo prohibáis, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es”. (Lc 9. 49) Al respecto, Ifá dice: “Si bien no le hecho daño tampoco” (Òdí Òkànràn). Muchos de los que censuran a otros hermanos religiosos lo hacen, partiendo de sus propios razonamientos y no mediante lo que es razonable; otros porque están en contra de todo aquello que lo ha afectado, individualmente, aunque lo que censuran, sea para el beneficio de todos. Algunos, generalmente, cuestionan por temor a perder lo que han adquirido con la mentira, con la maldad o con la ignorancia.

Podemos llegar a una conciliación pacífica si reflexionamos en lo siguiente: Dios hablo a Moisés y le dijo: “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20. 8,11). Sin embargo miles de años después cuando Cristo enseñaba en la sinagoga, en sábado y había una mujer que desde hacía dieciocho años tenía el espíritu de la enfermedad, el la curó. El alto dignatario de la sinagoga, se enojó porque Jesús había sanado en sábado, quebrantando las enseñanzas de Moisés. Entonces Jesús, inspirado por la santidad del mismo Dios que habló a Moisés, dijo: “¡Hipócrita!, ¿no desatáis vosotros vuestro buey o vuestro asno del pesebre y lo lleváis a beber en sábado? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en sábado? Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios, pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él”. (Lucas 13.10).

A pesar que estas diferencias dieron origen a una nueva denominación, posterior a la instauración del “Cristianismo”, la conocida “Los Séptimo Día”, la fe en ambos mártires bíblicos, no se ha perdido y, se acrecienta cada día. La Biblia, por su parte, se ha convertido en el libro más leído y la guía espiritual de más de mil millones de seres humanos que siguen las enseñanzas de Moisés y de Jesús. ¿Por qué? Porque no existen contradicciones entre los pastores que encauzan a los fieles, en nombre de ambos mártires. Además los teólogos entienden como magistral ambos pasajes evangélicos los cuales, contribuyen a promover la fe y la salvación. Sin embargo, a pesar de que Ifá es un cuerpo de conocimientos abierto a muchas formas de pensamientos y que sólo impone el análisis profundo de los textos antiguos plasmados en su corpus literario, ha generado en sus líderes una paradójica contradicción. De hecho Ifá da la capacidad de reflexión para que cada cual pueda llegar a distintas conclusiones, tomando como referencia un mismo evento legendario y, comparativamente, aplicarlo a la realidad del momento histórico en que se vive. No se puede negar que cada análisis profundo de Ifá, que genere un discernimiento, realizado por un sacerdote ilustrado en la fe, es un testimonio de la palabra divina y su aliento revelador contribuye con la dinámica existencial.

Un pasaje del Ifa dice Bàbá Éjìogbè (narrado por Şọlàgbadè Pòpòọlà): “Habían tres ciegos que andaban por el camino hacia otro pueblo e iban guiados por sus bastones. Al poco tiempo se encuentran con un Elefante; el primero que se topa con el animal le toca el vientre y comenta: ¡que animal más suave! el segundo intenta lo mismo pero, le toca la trompa y comenta: ¡que animal más corrugado! el último que se dispone a sondear le toca el rabo y comenta: que animal más velloso”. Como Ifá, la Biblia está premiada de los testimonios de muchos profetas, mártires y apóstoles que expresan la realidad histórica individual de cada uno de ellos. Unir nuestras razones, es la única opción de perpetuar nuestras prédicas; desunidos, andaremos como ciegos por el camino que conduce a la continuidad de nuestras obras y, de seguro, nos convertiremos en una vergüenza póstuma para las futuras generaciones.

“Una injusticia hecha a uno solo es una amenaza para todos”.

Òwònrín méjì

Víctor Betancourt, Awo Omolófaorò.

AutorVíctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

Maestro y autor de esta colección homenaje. Texto publicado con autorización.