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El primero que faltó el respeto a las tradiciones

Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì4 min de lecturaArtículo 43 de 55
Retrato de Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

Mensaje para la reflexión.

Yo lo hago así porque, así lo hacía mi madrina sin embargo, su madrina lo hizo así pero, así no lo hacía su madrina. Yo he sido fiel seguidor del costumbrismo de mi abuelo pero, mi abuelo no siguió el costumbrismo de su abuelo. Quien tiene la razón; ¿tu abuelo o el abuelo de tu abuelo? ¡Vamos a averiguarlo!

Dentro de la población afrocubana presente en el período que comprende los años 1912 a 1945, existían pocos Òlòşà - Olocha (santeros actuales), la mayoría, ignorantes de sus prácticas y por ende, las manipulaciones y cambios se producían con gran facilidad. Los pocos líderes u oficiantes de la religión que se destacaron, eran los únicos poseedores del legado el cual maniobraban a capricho. Se pueden demostrar por las reseñas que quedan en las libretas de Òşà (Santo). Si tratamos de descifrar profundamente el contenido de las mismas, encontraríamos arbitrariedades y confusiones que no corresponden con el legado Lúkúmí. Sólo los cantos y el mensaje contenido en ellos ha llegado casi intacto a nosotros, los cuales merecen ser descifrados y analizados.

La corrupción idiomática y la tergiversación de los métodos rituales comenzaron, aproximadamente a partir del 1912, según estado comparativo entre los textos escritos de esa fecha hacia atrás y hacia delante. Fenómeno que se puede apreciar ejemplificando la pulsera de Òrúnmìlà en dos momentos históricos, antes y después (verde y mandarina – 1986 – verde y amarilla).

Si hacemos un estudio de sociología serio, por supuesto, reconoceremos que la sociedad afrocubana es una etnia susceptible de ser maniobrada a ciertos antojos malintencionados o ciertas ideas indulgentes. Costumbres, modas, dichos, pensamientos, tradiciones van desapareciendo y van siendo suplantadas por otras nuevas sin siquiera percatarse de los cambios. Solo se requiere de una idea bien manipulada y vigente en un momento oportuno.

También es parte de la idiosincrasia cubana, la conocida “Bola” (comentario de boca en boca). Ejemplo: “Dos personas discuten en un bar en la Habana vieja”, a dos cuadras del lugar se comenta: ¡Viste que clase de bronca se formó en el bar de a Habana vieja…!; a diez cuadras oyes otro comentario: ¡Viste como hirieron a una persona en el bar de la Habana vieja….!; en otro barrio se comenta: ¡Te enteraste del que mataron en el bar de la Habana vieja….!; en fin, en otro municipio te comenta un amigo: ¡Acere, un amigo mío me contó, de buena tinta, de la cantidad de muertos que hubo en un bar en la Habana vieja, el estaba allí!

Las “Bolas Santorales” también, representaron una forma de trasmitir, oralmente, cualquier información u hecho relevante dentro de las tradiciones afrocubanas, desvirtuando, en gran medida la información original.

Afortunadamente, escapando de las diferentes formas verbales de tergiversación, en muchos otros casos, se utilizan frases o palabras que en su doble sentido, se esconde una verdad o un hecho con toda su originalidad y concepto de la realidad, por ejemplo: Se perdió la tradición de sacrificar los animales desde la cabeza de la persona tutelar sin embargo, perdura la frase que dice: “Esta piedra come con la cabeza de fulana de tal” utilizada en el momento de seleccionar las diferentes piedras para la consagración (Òtá de Òşà). Otro ejemplo es el siguiente:

Cuando una persona era seleccionada para hacer Òşà (Ocha), luego después de una bajada al “Ángel de la Guarda”(1) de la madrina (Ìyálòşà), se le entregaba una piedra de Elégbà y se le asentaba, específicamente, el Òrìşà particular en su cabeza. Luego en el ìtan (relato de nueva vida), al final, se seleccionaba el Òrìşà Adímu (divinidad apaciguadora y armonizadora de la divinidad patrona). Por ejemplo: Si la persona tenía Asentado a Yémójá y era seleccionado como Òrìşà Adímu Şàngó (siempre sexos opuestos), la madrina lo mandaba a casa de un Òlòşà que tuviera asentado ese Òrìşà y allí, en la nueva casa recibía, posteriormente, esa divinidad so pena, la madrina de perder la custodia del ahijado. ¡Por esto último, comenzó el cambio!

Es conocido por muchos una frase muy popular y antigua que dice: “Yo a mi ahijao le hago Santo – Pié y Cabeza – nada más si está enfermo” sin embargo, los que niegan o desconocen ese tipo de consagración dicen: “Mi ahijao, debes hacerte el Santo Completo por enfermedad”; ¡que paradoja!

Casa Templo Ifá Ìranlówo. Awo Omolófaoró.

AutorVíctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

Maestro y autor de esta colección homenaje. Texto publicado con autorización.